Si bien las reacciones emocionales intensas en sí mismas no son condición suficiente para provocar un infarto o cualquier otro tipo de problema cardiovascular en una persona sana, sí pueden ser un factor de riesgo.
Ataques de ira aumentan el riesgo de cardiopatías
- Discusiones familiares: 29%
- Discusiones con otras personas: 42%
- Problemas en el trabajo: 14%
- Situaciones vinculadas al tránsito automovilístico: 14%
La ansiedad, otro factor precipitante
Además de que padecer ansiedad es un factor que nos predispone a sufrir un infarto, también puede convertirse en precipitante. De hecho, el riesgo en los momentos posteriores a un ataque de ansiedad o a una temporada ansioso es aún mayor que tras un ataque de ira.
Esto sucede porque se producen cambios a nivel fisiológico, tales como aumento de la tasa cardíaca y de la presión arterial, un endurecimiento de los vasos sanguíneos y un incremento de la coagulación de la sangre. Todo esto, como sabemos, aumenta el riesgo de sufrir un infarto.
Como venimos comentado, el estrés y las emociones negativas desempeñan un papel más importante sobre las enfermedades cardíacas que otros factores tradicionales como el colesterol, la edad o la hipertensión. Además, estas emociones negativas pueden ser tanto causa como consecuencia.
Así, la hostilidad parece estar relacionada con el inicio de la enfermedad. En cuanto a su influencia en el desarrollo del problema cardiovascular, su papel está menos claro. Esta inconsistencia puede deberse a la dificultad a la hora de diferenciar los componentes de este concepto.
La depresión ha sido asociada de manera consistente con la muerte por infarto de miocardio. Posiblemente, esto esté relacionado con el “agotamiento vital” o, lo que es lo mismo, la sensación de fatiga y de pérdida de energía o vigor más el aumento de la irritabilidad y los sentimientos de desmoralización.
De hecho, hay estudios que afirman que la fatiga precede la ocurrencia del infarto incluso tras controlar el ánimo depresivo y la irritabilidad. Sin embargo, estos dos últimos síntomas en conjunción predicen el infarto sin el efecto de la fatiga.
Como es obvio, las reacciones emocionales intensas en sí mismas no son condición necesaria ni suficiente para provocar un infarto o cualquier otro tipo de problema cardiovascular en una persona sana.
Sin embargo, la acumulación de factores de riesgo como, por ejemplo, el sobrepeso, la arterioesclerosis o la hipertensión puede ayudar a que actúen como detonantes.
La hostilidad, otra pieza fundamental del rompecabezas
Así, la hostilidad parece estar relacionada con el inicio de la enfermedad. En cuanto a su influencia en el desarrollo del problema cardiovascular, su papel está menos claro. Esta inconsistencia puede deberse a la dificultad a la hora de diferenciar los componentes de este concepto.
¿La depresión enferma al corazón?
De hecho, hay estudios que afirman que la fatiga precede la ocurrencia del infarto incluso tras controlar el ánimo depresivo y la irritabilidad. Sin embargo, estos dos últimos síntomas en conjunción predicen el infarto sin el efecto de la fatiga.
Como es obvio, las reacciones emocionales intensas en sí mismas no son condición necesaria ni suficiente para provocar un infarto o cualquier otro tipo de problema cardiovascular en una persona sana.
Sin embargo, la acumulación de factores de riesgo como, por ejemplo, el sobrepeso, la arterioesclerosis o la hipertensión puede ayudar a que actúen como detonantes.

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